Editorial número uno
Este viernes, Diario Libre publicó una nota sin firma donde “expertos y allegados” al centro nocturno desmienten algunas de las versiones que circularon tras el derrumbe.
Se aclara, por ejemplo, que la planta eléctrica no estaba sobre el techo, que los aires acondicionados eran nuevos, que el impermeabilizante era liviano.
Todo eso se publica como si fuera determinante, como si lo urgente ahora fuera explicar por qué la estructura no tuvo la culpa.
Pero ¿en serio?
Apenas el jueves en la tarde se recogieron los últimos cuerpos.
Hay personas todavía hospitalizadas.
Las investigaciones oficiales ni siquiera han comenzado de manera formal.
Y ya estamos dedicando espacio a exculpar materiales y diseños.
No es que no debamos preguntarnos qué causó esta tragedia.
Claro que hay que hacerlo.
Pero hacerlo así, tan rápido, tan unilateral, sin pruebas técnicas ni firmas visibles, deja un mal sabor.
Parece apuro.
Parece más la defensa de un nombre comercial que la búsqueda de verdad.
Y eso, en un momento como este, duele.
Duele porque la gente no necesita aclaraciones técnicas disfrazadas de notas informativas.
Necesita respeto.
Necesita luto.
Necesita tiempo.
¿Cuál es la prisa por limpiar la imagen —o lo que sea— de una estructura, si aún no hemos terminado de contar las historias humanas que se perdieron ahí dentro?