Editorial número once
Cuando te pasa algo parecido y no te destruye.
No cuando subes frases de cierre de ciclo,
no cuando dices que “lo soltaste”,
no cuando empiezas a salir más.
La prueba no es cuando todo está en calma,
sino cuando algo se parece demasiado a lo que te rompió…
y esta vez no te rompe.
La mayoría de la gente cree que sanar es dejar de sentir,
pero muchas veces sanar es sentirlo todo y no salir huyendo.
No evitar el tema.
No cambiar la conversación.
No justificar al otro.
No mentirte.
Sanar no es actuar como si no pasó.
Es aceptar que pasó
y que ya no vas a seguir quedándote en el mismo lugar.
La trampa está en pensar que sanar es un momento.
No lo es.
A veces parece que estás bien
hasta que un recuerdo te saca del día.
Hasta que alguien te pregunta algo
y sientes el nudo otra vez.
¿Eso significa que no sanaste? No.
Significa que todavía duele,
pero ya no te domina.
Sanar no es mágico.
No es limpio.
No es lineal.
No te cambia la vida en una sola decisión.
Pero sí te cambia un poco cada vez que eliges no volver a lo mismo.
Y si te estás preguntando si ya sanaste…
probablemente no del todo.
Pero si te lo estás preguntando,
es porque algo dentro de ti ya empezó a moverse.