Editorial número treinta y seis.
A veces seguir “ganando” es el verdadero error. No porque lo que tengas esté mal, sino porque te está llevando exactamente al lugar al que no quieres llegar. Decidir perder, en ese punto, no es un sacrificio moral, es solo eso de perder una batalla para ganar la guerra, vainas de estrategia.
Perder tiempo hoy para no perder años mañana, perder una ventaja ahora para no hipotecar el futuro, perder aprobación para no perder criterio. Hay decisiones que solo se entienden cuando dejas de medirlas por lo que suman ahora y empiezas a medirlas por lo que evitan después.
Es salir antes de que el costo sea irreversible. Entender que no todo lo que da resultado es conveniente y que no todo lo que funciona merece continuidad (dele un buen final).
Este tipo de decisiones no se explican bien. Desde fuera parecen estupidas, exageradas, incluso arrogantes. ¿Por qué soltar algo que que salió “bueno”? ¿Por qué renunciar a una posición cómoda? ¿Por qué elegir el camino que resta en lugar del que suma? Porque ceder un poco hoy evita un fuetazo mañana.
Feliz 43 de diciembre.